Soledad Puértolas.
La descubrí con “El bandido doblemente armado”, allá por el año 1990-1992, cuando aún era poco conocida (no digo “muy poco conocida” porque ya publicaba en Anagrama). Me atrapó.
Poco después, leí en una columna suya, o un artículo de opinión de
nosecuál
suplemento
dominical
(¡cielos! en verso con rima… ya casi soy poeta ;-)
La cosa iba de Ágatha Christie, hablando de la baja calidad de sus novelas. Me extraña la expresión “baja calidad” en boca de Soledad, pero ese es el mensaje, el concepto que yo recuerdo. Ni corta ni perezosa, que diría mi madre, yo la envié una carta a su editorial habitual expresándole mi disconformidad.
El lector madura, comenzamos de niños con los tebeos, pasamos por “Las aventuras de los cinco” y Zane Grey en la adolescencia, seguimos con Julio Verne y Herman Hesse en la juventud y, con un poco de suerte y vocación, nos vamos adentrando en la madurez de la mano de otros autores más Literarios, con mayúscula.
Ágatha Christie perteneció a mi época de adolescencia, trece añitos, junto con Celia, Isabel, y nuestra rebeldía contra las monjas. Así se lo expresaba yo, más o menos, a esta entonces “escritora secundaria” quien, para mi sorpresa, me contestó. Con tanta mudanza a mis espaldas, a saber dónde guardo esa carta que, recuerdo bien, estaba manuscrita e iba acompañada de una postal muy bonita con un dibujo de una cúpula de Brunelleschi.
Seguramente esto Soledad lo haya olvidado, o tal vez no, porque su calidad humana es de una talla XXXL. O tal vez sí, porque su memoria no puede tener veintiocho millones de gigabytes. Da lo mismo.
Ayer, ya señora académica (felicidades de corazón, Soledad), fue entrevistada en el conocido programa de Pepa Fernández "No es un día cualquiera" en RNE-1. Vaya “duelo” precioso de excelentes conversadoras. Hablaron de los personajes secundarios (tema de su discurso de toma de posesión como académica), de vecinos, de viajes, de vacaciones en familia, de salud…
Me sentí hace tiempo identificada con Soledad una vez que leí que ella nadaba a diario debido a su precaria salud. Yo tengo problemas en la espalda desde los trece años, con la que me llevo bien si nado, voy a un buen fisioterapeuta y no me excedo.
En esta charla con Pepa, volvió a salir el tema de su salud. Habló Soledad de la incomprensión de los demás ante las personas (especialmente si son jóvenes); de su “negación”. Le cuesta a la gente comprender que hay niños, jóvenes, maduros, que no podemos hacer las mismas cosas que los demás… como si quisieran negar que el dolor y la enfermedad existen, cuando son parte consustancial de la vida.
Me dejó la entrevista, en fin, bastante encandilada porque esta mujer es fluída y precisa, como su prosa. En sus novelas importa poco lo que pasa, lo realmente emotivo es el cómo lo cuenta ella, Soledad, que me envió una carta manuscrita hace millones de años y ahora… ¿dónde estará aquella carta? ¿dónde la postal de Brunelleschi?
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También hablaron de las mentiras. De esas mentiras que todos hemos dicho. De esas a las que los hijos, todos los hijos, hemos recurrido para evitar un "no te dejo" o por falta de ganas de dar excesivas explicaciones. Soledad le decía a Pepa que le interesaba "explorar esas mentiras". Este fragmento de la entrevista me recordó tantas cosas... Entre otras a mis favoritos "Apres la pluie" y "Preludio del desamor".
Pero como decía, no sé bien si Joyce en "Retrato de un artista adolescente" o Rylke en "Cartas a un joven poeta", como alguno de los dos escribió:
"... cuando el artista ha finalizado su obra, permanece indiferente, limándose las uñas..."
Lo cual a mi vez me recuerda a la ironía de la concursante que se lima las uñas mientras el jurado delibera sobre su propuesta al concurso (en mi breve relato "El jurado"). No sé si esta ironía puede ser captada, al menos no fácilmente.
Como escribía, que me disperso, yo ya estoy pensando en mi siguientes pinitos cuando acabo de poner a la venta mi primera cosa.
Y también comentaba hace unos días con alguien (¿con Esther?):
- Yo ya he tenido un hijo, he plantado un árbol y he escrito un libro. Mi misión en la vida está cumplida - eso se decía antes, no sé ahora.
En realidad he plantado varios árboles, no muchos, pero sí dos o tres y uno de ellos -un abeto de navidad- prendió y creció, hace tiempo que no voy a verlo. También he escrito más de un libro (si es que se puede llamar "libro" a lo que he/me han publicado).
Sin embargo me quedé con ganas de tener una hija; la Naturaleza no quiso y yo no quise contrariarla. Ahora ya es tarde.
SEGUNDO BLOG DE ADU. Comenzó sin un propósito fijo salvo el de dar continuidad al hábito de escribir y se convirtió en algo de gran valor testimonial: Progresiva decadencia, MENINGIOMA, operación y recuperación.
domingo, 12 de diciembre de 2010
viernes, 10 de diciembre de 2010
Pepo... ¡guau, guau!
Encontraron a mi perrito temblando de frío y de miedo, abandonado en los jardines del Hospital de la Trinidad. No llevaba micro-chip. Eso me contó Isabel, la voluntaria de la Sociedad Protectora de Animales.
Pepo es mediano, mezcla de pastor catalán y terrier, unos once kilos de peso. Yo iba buscando un perro pequeño para poderlo llevar en transportín, pero allí todos eran grandes, casi todos feos. Me llamó especialmente la atención este perrillo (bautizado como "Pimpi" en la Protectora) porque no paraba de ladrar y porque era (es) bonito, muy gracioso, a pesar de esos dientes tan feos.
Volví otro día a la Protectora con mi hijo para que me ayudara a decidirme y él no lo dudó: salimos de allí con “Pimpi”, rebautizado “Pepo”. Lo asombroso, al menos para mí, fue que nada más entrar en mi coche, yo de conductora, mi hijo con Pepo en su regazo, dejó automáticamente de ladrar. Desde ese momento Pepo solamente ladraba cuando nos alejábamos de su lado. También, ahora voy haciendo memoria, se ponía algo histérico cuando nos cruzábamos con alguien haciendo “footing” o veía u olía algo que sin duda le disgustaba, no logro aún atar todos los cabos.
Pepo me demostró un agradecimiento y un amor exagerados, que llamaron la atención de cuantos nos conocieron. A medida que yo iba enfermando, su ansiedad aumentaba, pero como ignorábamos mi estado, no sabíamos a qué atribuir su creciente estado de agitación. Llegó a darme algún disgusto por enfrentarse con otros perros por la calle.
Pepo se quedó en una residencia canina de Zamora para un fin de semana y… hasta ahora. Ahora debo tomar una decisión respecto a su futuro y me preocupa. Solo quienes hemos convivido con un animal comprende esta preocupación. Como me advirtieron mi hermano y un querido amigo (quien entonces tenía una perra), el animalillo lega a convertirse en un miembro más de la familia.
Durante estos cinco años –el puente de la Constitución fue el aniversario de la adopción- me he sentido más querida que por ningún otro ser vivo.
Respecto a su edad, nadie lograba darme una fecha aproximada, unos que tres, otros que cinco, otros que siete años. Según la media, ahora Pepo debe tener el equivalente a mi edad aproximadamente: unos diez-doce años perrunos, unos cincuenta humanos.
+++++++++++++++++++++++++++++++
MARTES 14 DE DICEIMBRE DE 2010
Pepo, mi pepito, era un perro manso y dócil, tranquilo, nada juguetón. Pasa el día tumbado, junto a quien le cuida; es decir, Pepo ha permanecido tumbado junto a mí en estos últimos cuatro años y medio. En los paseos, al menos dos diarios: uno corto y otro largo, tenía aspecto de perro feliz, meneaba su rabo e iba curioso fisgando todo. Se comía las avispas. Corría como una exalación detrás de algún conejo o animal que se le pareciera, debe ser por su algo de sangre cazadora. Un estómago de perro delicado porque casi todo lo que no fuera pienso le sentaba mal, no le podía dar ni huesos, que le chiflaban, porque al día siguiente vómitos y diarrea. Los primeros meses me molestaba en hacerle guisos sencillos de carne con arroz pero más tarde desistí. Cuando se le escapaba su caca, se quedaba avergonzado en un rincón, debajo de una mesa o bien, trataba de llamar la atención y dirigirte hacia donde estaba la prueba de su "delito". Su estado gástrico empeoraba en verano.
Una vez le descubrí una capa opaca en un ojito, pensé que sería que iba siendo viejo. La veterinaria le miró y recetó unas gotas que para ponérselas era un sufrimiento, pues no se dejaba. Al cabo de varias semanas, vimos que no mejoraba nada la herida. Tuve que llevarlo, por indicaciñón de la propia veterinaria, a una clínica oftalmológica en Madrid y le practicaron una sencilla intervención quirúgica. Esa noche, se subió a mi cama por la noche, cosa que no había hecho jamás (necesitaría sentirse más acogido, mimo, en definitiva). No lo volvió a hacer.
Pepo solía dormir a la puerta de mi dormitorio, sobre un cojincillo. Algunas veces, no siempre, se escapaba y se metía debajo de mi cama. Cuando mi hijo aún vivía en casa, aprovechaba cualquier ausencia suya y despiste mío para subirse en su cama vacía.
En general no daba problemas, salvo los derivados de sus molestias gástricas, que se corrigieron bastante cambiándole la alimentación por únicamente pienso y agua. En primavera se mostraba enloquecido y corría detrás de las perritas en celo, pero en cuanto el perfume se disipaba, él se calmaba. Sí que era molesta su excesiva dependencia de mí, que incluso manifestaba queriendo "montarme", cosa que escandalizaba a mi madre y a mi hijo, y que yo, sin alentarle, interpretaba como una demostración de alegría. Los perros no entienden de moral y menos de "moralina". Esta pasión desbordada por su dueña se empezó a hacer más molesta en los últimos meses. Visto con la distancia, seguramente Pepo me notaba rara e intuía que no estaba bien. La cuestión es que estuve planteándome si castrarle, pero personas allegadas no me lo aconsejaron, "les cambia el carácter" me dijeron, y yo dudaba. Una veterinaria francesa en Toro me habló de algo innovador: un implante superficial, bajo la piel, que reducía el nivel de testosterona pero era reversible pues tenía una duración aproximada de seis meses. Se lo pusimos hacia Navidades, concretamente creo que el día 28 de diciembre. Empieza a hacer efecto lentamente y en efecto, hacia un mes después, nada había cambiado en apariencia, pero no hacía muestras de "querer montarme" (puesto entre comillas), pero seguía dando saltos y ladrando en cuanto me presentía y se quedaba con la cabecita ladeada cuando me marchaba.
- Es que eso, esa ansiedad, no se la vamos a poder quitar nunca -me dijo la veterinaria francesa.
Yo luchaba en mi conciencia por lo molesto de esa exagerada dependecia de mí, pero realmente no sabía cómo actuar.
En los últimos meses, como creo ya he escrito, se volvió incluso agresivo, haciendo gestos de ataque a otros perros al cruzarse con ellos.
+++++++++++++++++++++++++++++++
Mi madre se ha sentido celosa, me consta, de Balto (el huskie de mi sobrina, bueno la mascota de toda la familia). Un día me preguntó si no pensaba yo que mi hijo podría estar celoso de Pepo.
- Pues no sé mamá, me parece fuera de lugar, mi hijo ya es marorcito ¿no? En todo caso, él participó de forma activa en la decisión de tener un perro.
Todo esto me recuerda al capítulo tan magníficamente descrito por Kundera, en el que habla de la perra Karenin. Por cierto, creo que aquí le pillo un pequeño fallo a mi admirado Kundera. En Rusia, si no me equivoco, las hembras toman el apellido del marido añadiendo una "a". Por ejemplo Gorbachov, Gorbachova.
Al perro de Teresa y Tomás en la novela lo bautizan "Karenin" en recuerdo de la novela de Tolstoi.
Entonces, si Karenin es macho, el perro no puede "parir panecillos y miel", no puede ser una perra.
También es posible que el nombre se deba a Anna Karenina (la conocida Lara de la película Dr. Zhivago) y la diferencia (Karenin/Karenina) sea cuestión de interpretación del original.
Me gustaría averiguarlo.
+++++++++++++++++++++++
JUEVES 16 DE DICIEMBRE
Nuestro paseo habitual consistía en recorrer el Paseo fluvial del Tormes. En uno de los primeros días de paseo, Pepo vio u olió algo parecido a un conejo (tal vez un visón; había muchos escapados de un criadero cercano), y se lanzó como un poseso hacia ello. El bichillo se metió en una finca por debajo de la cancela, agujero por el que el perro no cabía. Pegó Pepo un salto de tal calibre que saltó la tapia, un muro de más de dos metros de alto. Allí estuvo ladrando y “haciendo de las suyas” bastante tiempo. Al cabo de un buen rato, yo ya le daba por casi perdido, salió cojeando con la pierna ensangrentada, cojeando pero corriendo hacia mí -buscándome-.
Afortunadamente, muy cerca está la clínica veterinaria donde le atendían habitualmente. Maria José, la facultativa, le limpió y curó la herida con mimo. Me dijo que la herida parecía una mordedura de perro grande. Pepo cojeaba ostensiblemente. De repente, me di la vuelta para coger algo y Mª José, muerta de risa, me dijo:
- Espera, espera, vuélvete otra vez… Ja ja ja… cuando tú no le miras, el perro no cojea…
Otras anécdotas simpáticas.
Pepo y sus novias.
Al llegar la primavera, a Pepo le encantaba ponerse a mirar por la ventana (ventana grande, llegaba hasta el suelo). Bueno, casi siempre miraba por la ventana o a mí. Teníamos en aquella casa unas vistas muy bonitas, hacia el río, y había muchos paseantes como nosotros. Le habilité un sillón viejo que estaba a punto de tirar y lo puse en un rincón estratégico para que pudiera mirar hacia el paseo fluvial. Cuando olía alguna perrita en celo, se ponía en estado de alerta, rígido el rabo y las orejitas. Hizo muy buenas migas con una perrita similar a él, Luna, cuyos dueños eran una pareja que vivían en la misma manzana y se pasaban la vida allí. Luna se hacía la interesante, coqueteaba en torno a Pepo e incluso le daba cariñosamente con la patita, pero cuando Pepo intentaba acercarse más, la pícara se echaba a correr. Los dueños y yo teníamos medio convenido que en el próximo celo de Luna, se hicieran novios. Un día primaveral, sin previo aviso, Luna se sentía cariñosa y Pepo estuvo bailando a su alrededor. Los filmé con mi móvil pero nunca supimos si llegaron a culminar su affaire.
Pepo es mediano, mezcla de pastor catalán y terrier, unos once kilos de peso. Yo iba buscando un perro pequeño para poderlo llevar en transportín, pero allí todos eran grandes, casi todos feos. Me llamó especialmente la atención este perrillo (bautizado como "Pimpi" en la Protectora) porque no paraba de ladrar y porque era (es) bonito, muy gracioso, a pesar de esos dientes tan feos.
Volví otro día a la Protectora con mi hijo para que me ayudara a decidirme y él no lo dudó: salimos de allí con “Pimpi”, rebautizado “Pepo”. Lo asombroso, al menos para mí, fue que nada más entrar en mi coche, yo de conductora, mi hijo con Pepo en su regazo, dejó automáticamente de ladrar. Desde ese momento Pepo solamente ladraba cuando nos alejábamos de su lado. También, ahora voy haciendo memoria, se ponía algo histérico cuando nos cruzábamos con alguien haciendo “footing” o veía u olía algo que sin duda le disgustaba, no logro aún atar todos los cabos.
Pepo me demostró un agradecimiento y un amor exagerados, que llamaron la atención de cuantos nos conocieron. A medida que yo iba enfermando, su ansiedad aumentaba, pero como ignorábamos mi estado, no sabíamos a qué atribuir su creciente estado de agitación. Llegó a darme algún disgusto por enfrentarse con otros perros por la calle.
Pepo se quedó en una residencia canina de Zamora para un fin de semana y… hasta ahora. Ahora debo tomar una decisión respecto a su futuro y me preocupa. Solo quienes hemos convivido con un animal comprende esta preocupación. Como me advirtieron mi hermano y un querido amigo (quien entonces tenía una perra), el animalillo lega a convertirse en un miembro más de la familia.
Durante estos cinco años –el puente de la Constitución fue el aniversario de la adopción- me he sentido más querida que por ningún otro ser vivo.
Respecto a su edad, nadie lograba darme una fecha aproximada, unos que tres, otros que cinco, otros que siete años. Según la media, ahora Pepo debe tener el equivalente a mi edad aproximadamente: unos diez-doce años perrunos, unos cincuenta humanos.
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MARTES 14 DE DICEIMBRE DE 2010
Pepo, mi pepito, era un perro manso y dócil, tranquilo, nada juguetón. Pasa el día tumbado, junto a quien le cuida; es decir, Pepo ha permanecido tumbado junto a mí en estos últimos cuatro años y medio. En los paseos, al menos dos diarios: uno corto y otro largo, tenía aspecto de perro feliz, meneaba su rabo e iba curioso fisgando todo. Se comía las avispas. Corría como una exalación detrás de algún conejo o animal que se le pareciera, debe ser por su algo de sangre cazadora. Un estómago de perro delicado porque casi todo lo que no fuera pienso le sentaba mal, no le podía dar ni huesos, que le chiflaban, porque al día siguiente vómitos y diarrea. Los primeros meses me molestaba en hacerle guisos sencillos de carne con arroz pero más tarde desistí. Cuando se le escapaba su caca, se quedaba avergonzado en un rincón, debajo de una mesa o bien, trataba de llamar la atención y dirigirte hacia donde estaba la prueba de su "delito". Su estado gástrico empeoraba en verano.
Una vez le descubrí una capa opaca en un ojito, pensé que sería que iba siendo viejo. La veterinaria le miró y recetó unas gotas que para ponérselas era un sufrimiento, pues no se dejaba. Al cabo de varias semanas, vimos que no mejoraba nada la herida. Tuve que llevarlo, por indicaciñón de la propia veterinaria, a una clínica oftalmológica en Madrid y le practicaron una sencilla intervención quirúgica. Esa noche, se subió a mi cama por la noche, cosa que no había hecho jamás (necesitaría sentirse más acogido, mimo, en definitiva). No lo volvió a hacer.
Pepo solía dormir a la puerta de mi dormitorio, sobre un cojincillo. Algunas veces, no siempre, se escapaba y se metía debajo de mi cama. Cuando mi hijo aún vivía en casa, aprovechaba cualquier ausencia suya y despiste mío para subirse en su cama vacía.
En general no daba problemas, salvo los derivados de sus molestias gástricas, que se corrigieron bastante cambiándole la alimentación por únicamente pienso y agua. En primavera se mostraba enloquecido y corría detrás de las perritas en celo, pero en cuanto el perfume se disipaba, él se calmaba. Sí que era molesta su excesiva dependencia de mí, que incluso manifestaba queriendo "montarme", cosa que escandalizaba a mi madre y a mi hijo, y que yo, sin alentarle, interpretaba como una demostración de alegría. Los perros no entienden de moral y menos de "moralina". Esta pasión desbordada por su dueña se empezó a hacer más molesta en los últimos meses. Visto con la distancia, seguramente Pepo me notaba rara e intuía que no estaba bien. La cuestión es que estuve planteándome si castrarle, pero personas allegadas no me lo aconsejaron, "les cambia el carácter" me dijeron, y yo dudaba. Una veterinaria francesa en Toro me habló de algo innovador: un implante superficial, bajo la piel, que reducía el nivel de testosterona pero era reversible pues tenía una duración aproximada de seis meses. Se lo pusimos hacia Navidades, concretamente creo que el día 28 de diciembre. Empieza a hacer efecto lentamente y en efecto, hacia un mes después, nada había cambiado en apariencia, pero no hacía muestras de "querer montarme" (puesto entre comillas), pero seguía dando saltos y ladrando en cuanto me presentía y se quedaba con la cabecita ladeada cuando me marchaba.
- Es que eso, esa ansiedad, no se la vamos a poder quitar nunca -me dijo la veterinaria francesa.
Yo luchaba en mi conciencia por lo molesto de esa exagerada dependecia de mí, pero realmente no sabía cómo actuar.
En los últimos meses, como creo ya he escrito, se volvió incluso agresivo, haciendo gestos de ataque a otros perros al cruzarse con ellos.
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Mi madre se ha sentido celosa, me consta, de Balto (el huskie de mi sobrina, bueno la mascota de toda la familia). Un día me preguntó si no pensaba yo que mi hijo podría estar celoso de Pepo.
- Pues no sé mamá, me parece fuera de lugar, mi hijo ya es marorcito ¿no? En todo caso, él participó de forma activa en la decisión de tener un perro.
Todo esto me recuerda al capítulo tan magníficamente descrito por Kundera, en el que habla de la perra Karenin. Por cierto, creo que aquí le pillo un pequeño fallo a mi admirado Kundera. En Rusia, si no me equivoco, las hembras toman el apellido del marido añadiendo una "a". Por ejemplo Gorbachov, Gorbachova.
Al perro de Teresa y Tomás en la novela lo bautizan "Karenin" en recuerdo de la novela de Tolstoi.
Entonces, si Karenin es macho, el perro no puede "parir panecillos y miel", no puede ser una perra.
También es posible que el nombre se deba a Anna Karenina (la conocida Lara de la película Dr. Zhivago) y la diferencia (Karenin/Karenina) sea cuestión de interpretación del original.
Me gustaría averiguarlo.
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JUEVES 16 DE DICIEMBRE
Nuestro paseo habitual consistía en recorrer el Paseo fluvial del Tormes. En uno de los primeros días de paseo, Pepo vio u olió algo parecido a un conejo (tal vez un visón; había muchos escapados de un criadero cercano), y se lanzó como un poseso hacia ello. El bichillo se metió en una finca por debajo de la cancela, agujero por el que el perro no cabía. Pegó Pepo un salto de tal calibre que saltó la tapia, un muro de más de dos metros de alto. Allí estuvo ladrando y “haciendo de las suyas” bastante tiempo. Al cabo de un buen rato, yo ya le daba por casi perdido, salió cojeando con la pierna ensangrentada, cojeando pero corriendo hacia mí -buscándome-.
Afortunadamente, muy cerca está la clínica veterinaria donde le atendían habitualmente. Maria José, la facultativa, le limpió y curó la herida con mimo. Me dijo que la herida parecía una mordedura de perro grande. Pepo cojeaba ostensiblemente. De repente, me di la vuelta para coger algo y Mª José, muerta de risa, me dijo:
- Espera, espera, vuélvete otra vez… Ja ja ja… cuando tú no le miras, el perro no cojea…
Otras anécdotas simpáticas.
Pepo y sus novias.
Al llegar la primavera, a Pepo le encantaba ponerse a mirar por la ventana (ventana grande, llegaba hasta el suelo). Bueno, casi siempre miraba por la ventana o a mí. Teníamos en aquella casa unas vistas muy bonitas, hacia el río, y había muchos paseantes como nosotros. Le habilité un sillón viejo que estaba a punto de tirar y lo puse en un rincón estratégico para que pudiera mirar hacia el paseo fluvial. Cuando olía alguna perrita en celo, se ponía en estado de alerta, rígido el rabo y las orejitas. Hizo muy buenas migas con una perrita similar a él, Luna, cuyos dueños eran una pareja que vivían en la misma manzana y se pasaban la vida allí. Luna se hacía la interesante, coqueteaba en torno a Pepo e incluso le daba cariñosamente con la patita, pero cuando Pepo intentaba acercarse más, la pícara se echaba a correr. Los dueños y yo teníamos medio convenido que en el próximo celo de Luna, se hicieran novios. Un día primaveral, sin previo aviso, Luna se sentía cariñosa y Pepo estuvo bailando a su alrededor. Los filmé con mi móvil pero nunca supimos si llegaron a culminar su affaire.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
De calva a punki.
Nunca he sido coqueta. Siempre he pensado, aunque sean topicazos, que "la belleza está en el interior" y que "la cara es el espejo del alma". Por eso solía decir mi madre (cuando no estaba tan viejecilla como ahora) que parecía mentira que de una madre tan coqueta hubieran salido dos hijas tan poco (tan poco coquetas, ¿obviamente?)
El pelo en seguida me empezó a crecer, y se comenzó a percibir un tapiz "azul oscuro casi negro" (el título de otra estupenda película). Cosa de días. En cuestión de semanas, aún me ponía sombrero para salir a la calle, sobre todo porque aún atizaba el sol de verano. La primera vez que me sentía favorecida por un sombrero, pues hasta mis 53 veranos, siempre me dio la sensación de que parecía un champiñón.
Ya bromeé anteriormente sobre "mis trenzas", creo. Pero es que nunca me vi fea.
- Tiene que ser muy guapa para estar calva y no resultar fea - suenan estas palabras en mis oídos, dichas por norecuerdo quién.
Pues no soy ni guapa ni fea, y no seré yo quién lo juzgue, cada cual verá lo que quiera ver.
El caso es que a estas alturas, casi cinco meses después, tengo el pelo como mi hijo calificaría de "lesbiana" (*) pero me queda graciosillo y sobre todo, ahorro en peines que no me lo pienso dejar volver a crecer... En serio, ahorro sobre todo en tiempo de dedicación al pelo. Voy a ver si consigo "subir" una foto que me sacó días pasados mi amiga Esther.
(*) No sé si la palabra "lesbiana", gramaticalmente correcta, es con "be" o con "uve".
NOTA POSTERIOR: Consultado en diccionario de la R.A.L.E., lo correcto es "lesbiana", (procedente de "Lesbos")
martes, 7 de diciembre de 2010
La peluquera del R y C
FOTO: Por Adu, con el móvil de Esther, ayer, en mi apartamento. Al fondo, mi amiga reflejada en el espejo (apenas se la reconoce)."El marido de la peluquera" era el título de una película que me gustó mucho. La acabo de recordar.
Ayer se marchó mi amiga Esther, después de estar un par de días aquí conmigo. Estando con ella salió el tema de los pelos y las canas... Bum bum bum... me llegan los recuerdos como a saltos cuánticos, qué bonito es...
La peluquera del hospital Ramón y Cajal me dio un abrazo y un beso después de haberme afeitado la cabeza.
- ¡Qué valiente eres! - me dijo emocionada.
Ella no sabía que yo no soy valiente (?) ni tenía ningún mérito, estaba como un niño y lo que pensé cuando me dijeron con tanto tiento que me tenían que rasurar la cabeza fue lo siguiente.
Qué bien. Así resuelvo el tema de no volver a teñirme, que mira que siempre pensé y dije que no iba a teñirme, que te esclavizas a la peluquería de por vida y mira tú que la peluquera esa carera, la más cara de Salamanca me engañó, y con eso de "solo un poco de color" me puso toda la cabellera pringada de tinte casi negro con el albal ese de los cataplines y en esto, me llamó mi inquilina y como es semi-sótano no se me oía y a la calle me eché a hablar, vaya pinta debía yo tener con la bata rosa y los pelos pringaillos y con el albal, pero como era como un niño ni vergüenza ni nada, eso sí: cuando me percaté no me hacía ninguna gracia ese horror de verse las raíces de los pelos blanquitas...
Total, a lo que iba, que me disperso. Que cuando me dejaron como a Yul Bryner (no sé si se escribe así); vamos, calva calva, pues ni sentí ni padecí, solo pensaba que qué bien, ya no me vuelvo a teñir, ya no me engañan más...
sábado, 4 de diciembre de 2010
Para pensar en un día de descontrol aérero
Igual que la física clásica dio lugar a la Ilustración y al mundo que ha venido después, es muy probable que la física cuántica de lugar a un mundo futuro radicalmente distinto al que conocemos. Puede que el ordenador cuántico detrás del que vamos sea la “maquina de vapor” de la nueva civilización hacia la que nos dirigimos.
http://www.tendencias21.net/cogno/Dos-realidades-la-fisica-y-la-mental_a55.html
http://www.tendencias21.net/cogno/Dos-realidades-la-fisica-y-la-mental_a55.html
jueves, 2 de diciembre de 2010
Otra anécdota del drama pasado y las ganas.
FOTO: "El efecto refexión", por Adu. Basilea, julio de 2007. En el ángulo superior izquierdo, aparece reflejada, de espaldas y en la acera de en frente, mi amiga Pipé. Será la portada de mi próxima auto-edición-publicación si nada lo impide.
Recuerdo a mi hermana Marga, mirando su block de notas en mano, diciendo en la consulta del neurólogo:
- ... Es que hace cosas muy raras... por ejemplo: ella es muy creativa y ahora no escribe...
Aquello me impresionó porque me demostró:
a) Que mi hermana me observaba y me leía
b) Que me considera "muy creativa" y
b) Que a ella le parecía un síntoma evidente de deterioro el hecho de que yo no escribiera.
Es cierto que estaba tan degradada, tan degradada, que apenas escribía y, aunque nunca dejé de hacerlo del todo, no "subía" cosas a mi blog porque me parecían horrorosas.
Lo primero que recuperé fueron las ganas de hacerlo. Poco a poco, también la calidad. Aún ando algo baja de creatividad, por eso aprovecho para recopilar y editar mis escritos.
Aquella consulta del neurólogo en una conocida clínica madrileña sucedió a primeros de julio, justo unos días después de la visita al Psiquiatra Super Altivo Elegante. Mi hermana hablaba (esta vez mi hermano no pudo venir y mi "cuñadito" esperaba fuera). El neurólogo, la escuchaba con cara de ateo en Misa, y finalmente, ante la insistencia de mi Marga nos dio el "volante" para las famosas pruebas. Dijo a la vez que las extendía:
- Mire señora, le voy a ordenar las pruebas porque estoy obligado a hacerlo pero en fin... esto no es así... tendría que haber otros síntomas...
Mientras tanto, yo, como un niño pequeño de la mano de su madre, sin comprender nada pero dejándome llevar.
Escribo esto por si algún día alguien duda de que mis hermanos me salvaron la vida.
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Creo que ya he escrito varias veces en este diario que las ganas son muy importantes, que el cuerpo no me sigue pero que con la cabeza voy a todas partes. Quiero decir, que me comería el mundo si pudiera. Obviamente no puedo aún.
En la última fase antes de la operación estaba absolutamente desganada. Me daba pereza cualquier cosa: hablar, moverme, salir con amigos o amigas... Me pasaba el día tumbada viendo la tele, cosa que no he hecho en la vida, todo el día pegada a la UNO. Desayunaba con las noticias (esto me sigue gustando porque, entre otras cosas, como no leo la prensa, al menos me entero de los titulares de TODOS los periódicos del día). La mañana me la chupaba toda entera con el saber vivir (recuerdo los sanfermines contados por Mariló Montero como cosa última - qué cerca estaba ya mi ingreso en el Hospital-). Me veía hasta las fotonovelas esas que tienen tres millones de capítulos y nunca pasa nada, todos los personajes son malísimos y buenísimos... Entendí por qué a la masa general le gustan este tipo de programas: no tienen que pensar, es muy cómodo.
martes, 30 de noviembre de 2010
Balance de noviembre y... ¿fui abducida?
OBJETIVOS PLANTEADOS.
- Decidir destino de Pepo.
- Montar en autobús.
NIVEL DE CUMPLIMIENTO:
Satisfactorio.
Aún no he decidido dónde acabará finalmente mi perrito, pero sí he hecho avances importantes.
El domingo monté en el autobús CIRCULAR-2 con mi amiga del alma, Pili. Dos paradas. Pensábamos llegar hasta mi casa de niña (tres paradas) pero me equivoqué y nos bajamos antes. Ya había anochecido y decidimos volver andando.
La próxima vez, posiblemente el domingo que hay menos jaleo, me haré yo solita el trayecto completo, que es un auténtico tour madrileño en versión barata. Me apetece un montón. Y luego haré un reportaje... ¿No será esto el cuento de la lechera?...
METAS CUMPLIDAS ANTICIPADAMENTE.
- Poner al día mis cuentas.
- Renovar carnet de conducir.
(Tengo que revisar mi agenda e ir al hospital de los ordenadores, luego seguiré...)
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Tengo una curiosa teoría: llegaron unos extra-terrestres en un ovni, me abdujeron y me colcocaron en el cerebro una extraña sustancia. Por supuesto no lo recuerdo porque eso formaba parte del plan.
Años más tarde empecé a tener síntomas que nadie sabía diagnosticar con precisión. Hasta que estos síntomas fueron tan insoportables que le les ocurrió hacerme pruebas y más pruebas... Después llegó la craneotomía y la extirpación del meningioma. Pero aún se quedó dentro parte de algo desconocido para nosotros, que hace que estropee los ordenadores, los móviles, los e-mails, todo lo inalámbrico y gran parte de lo hilado.
A mayores, tuve una premonición hace bien poco (como un mes) sobre un accidente que resultó ser cierta. También tuve otra el sábado pasado que resultó no ser cierta, pero esa puede formar parte de ese margen de error que hasta las normas DIN admiten.
Esta teoría haría las delicias de los seguidores de Jiménez del Oso y gente afín. También hará estallar en carcajadas o bocanadas de incredulidad a los escépticos.
Personalmente, me encuentro más cerca de los segundos que de los primeros, pero nunca reniego de nada y estoy abierta a todo.
Lo que es objetivo y demostrable es:
a) Mi cerebro emite ondas que estropea unas cosas e intuye otras.
b) No existe operación ni medicina alguna en esta nuestra cultura que pueda corregir estas cosas que emite mi cerebro.
- Decidir destino de Pepo.
- Montar en autobús.
NIVEL DE CUMPLIMIENTO:
Satisfactorio.
Aún no he decidido dónde acabará finalmente mi perrito, pero sí he hecho avances importantes.
El domingo monté en el autobús CIRCULAR-2 con mi amiga del alma, Pili. Dos paradas. Pensábamos llegar hasta mi casa de niña (tres paradas) pero me equivoqué y nos bajamos antes. Ya había anochecido y decidimos volver andando.
La próxima vez, posiblemente el domingo que hay menos jaleo, me haré yo solita el trayecto completo, que es un auténtico tour madrileño en versión barata. Me apetece un montón. Y luego haré un reportaje... ¿No será esto el cuento de la lechera?...
METAS CUMPLIDAS ANTICIPADAMENTE.
- Poner al día mis cuentas.
- Renovar carnet de conducir.
(Tengo que revisar mi agenda e ir al hospital de los ordenadores, luego seguiré...)
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Tengo una curiosa teoría: llegaron unos extra-terrestres en un ovni, me abdujeron y me colcocaron en el cerebro una extraña sustancia. Por supuesto no lo recuerdo porque eso formaba parte del plan.
Años más tarde empecé a tener síntomas que nadie sabía diagnosticar con precisión. Hasta que estos síntomas fueron tan insoportables que le les ocurrió hacerme pruebas y más pruebas... Después llegó la craneotomía y la extirpación del meningioma. Pero aún se quedó dentro parte de algo desconocido para nosotros, que hace que estropee los ordenadores, los móviles, los e-mails, todo lo inalámbrico y gran parte de lo hilado.
A mayores, tuve una premonición hace bien poco (como un mes) sobre un accidente que resultó ser cierta. También tuve otra el sábado pasado que resultó no ser cierta, pero esa puede formar parte de ese margen de error que hasta las normas DIN admiten.
Esta teoría haría las delicias de los seguidores de Jiménez del Oso y gente afín. También hará estallar en carcajadas o bocanadas de incredulidad a los escépticos.
Personalmente, me encuentro más cerca de los segundos que de los primeros, pero nunca reniego de nada y estoy abierta a todo.
Lo que es objetivo y demostrable es:
a) Mi cerebro emite ondas que estropea unas cosas e intuye otras.
b) No existe operación ni medicina alguna en esta nuestra cultura que pueda corregir estas cosas que emite mi cerebro.
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